Cambios.

 


Quizás una de las cosas que más han cambiado desde mi último Blog es el saber que tengo una condición especial.

 

Sin duda, no era algo que esperaba, incluso que me sorprendió cuando el doctor y la neuróloga me hicieron saber que padecía de Asperger, un trastorno de espectro autista que, aunque no hace que esté incomunicada, sí que explica ciertas barreras que he sentido toda mi vida con el resto del mundo.

 

Especial. Sin duda hay algo en esa palabra que no me gusta, quizás porque es como un parte aguas, una separación entre lo común y lo que no lo es, y también, el principio que a muchos les lleva a terminar discriminando ante la incapacidad de ver ambos casos iguales. Que sí, es imposible tratar igual a una persona con una divergencia que a una que no; tal vez por eso en lugar de sentirme bien con la noticia, fue un vacío interior lo primero que experimenté.

 

La medicación, los seguimientos y ese sentimiento de tener que manejarme de formas alternas a las que las personas con regularidad harían. Con los antecedentes médicos que ya me cargo, era claro que estar bajo una supervisión constante no era algo que me hiciera saltar de emoción.

Demoré un poco, pero al menos, años después del diagnóstico ya he hecho las pases con eso. Soy una persona con una mente diferente, con una percepción que a pesar de resultar extraña para otros, puede ser interesante para otros más. Aunque al final, mi manera de ver cada situación, cada problema es algo que me ha llevado a ser quien soy, a tomar las decisiones que me tienen en este lugar.

Uno donde quizás, no sea la mejor versión de mí mismo. Pero que al final, es lo que he podido hacer sin conocer ese desperfecto de mi mente, o quizás, esa bendición. Uno nunca sabe lo que tiene y hasta dónde lo puede llevar.

Ahora que lo he aceptado, es cuestión de saber cómo trabajar con esto que no puedo llamar temporal. Es, una condición, y eso no va a cambiar.

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